sábado, 20 de mayo de 2017

Y la Privacidad donde esta?.... Ah ya se hay que pedir permiso....

3 maneras en las que Facebook usa tu información de WhatsApp

  • 18 mayo 2017

Cuando WhatsApp anunció hace apenas un año -en agosto de 2016- que iba a compartir con Facebook los números de teléfono de sus usuarios y que facilitaría datos a las empresas, muchos se llevaron las manos a la cabeza.
Era la primera vez que la plataforma de mensajería cambiaba su política de privacidad desde que fue comprada por la red social en 2014.
Significaba, sin lugar a dudas, más avisos publicitarios y menos privacidad. Y algunos usuarios se sintieron traicionados ante lo que consideraron un "abuso de confianza", le explicó a la BBC Pamela Clark-Diskson, de la consultora tecnológica Ovum.

Este jueves, la Comisión Europea (CE) les dio la razón al anunciar la imposición de una multa de US$120 millones a la empresa de Mark Zuckerberg por haberle proporcionado "información engañosa" cuando compró WhatsApp.
Las empresas deben cumplir con todos los aspectos de las normativas sobre fusiones de la UE, incluida la obligación de proporcionar información correcta
Margrethe Vestager, comisaria europea de Competencia
Es la primera vez que Bruselas sanciona a una empresa por mentir durante un proceso de fusión.
La multa es "proporcionada y disuasoria", dijo Margrethe Vestager, encargada de políticas de competencia de la Comisión.
"Las empresas tienen que cumplir con todos los aspectos de las normativas sobre fusiones de la Unión Europea, incluida la obligación de proporcionar información correcta", explicó la comisaria europea en un comunicado.
Y la red social no lo hizo cuando aseguró (y reiteró) que no vincularía las cuentas entre los usuarios de ambos servicios.
Facebook dijo a través de un portavoz que "actuó de buena fe" y que trató de proporcionar "información precisa en cada momento".
Pero lo cierto es que cuando actualizó su política de privacidad para usar los números de teléfono de WhatsApp no sólo engañó a las instituciones europeas, sino también a sus propios usuarios.
¿Por qué corrió ese riesgo? Estas son algunas de las razones.

Ofrecerte sugerencias de amistad "relevantes"

Una de las principales razones por las que Facebook quiere tu número de teléfono es para poder conectarte con alguien con quien intercambiaste mensajes de texto pero aún no tenías agregado como "amigo" en la red social.

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Image caption Facebook puede sugerirte la "amistad" de personas con las que hablaste a través de WhatsApp.
Si todavía no te ha ocurrido, no te sorprendas si te aparece la sugerencia del contacto de la vecina con la que te escribiste por teléfono o del fontanero que te escribió por WhatsApp para comprobar a qué hora llegaba a tu casa.
Eso sí, la decisión de si quieres agregarlos a Facebook o no... es cosa tuya.

Enviarte publicidad personalizada

No es un secreto que Facebook envía avisos publicitarios personalizados a sus usuarios. Basta con hacer una búsqueda en Google sobre un tema concreto para que te aparezcan anuncios relacionados en la red social sobre lo que le preguntaste al buscador.

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Y las marcas lo usan a su favor, enviando su publicidad a "categorías" de usuarios según su edad, intereses, zona geográfica y muchos otros datos.

Pero la información que obtiene de ti a través de WhatsApp también puede servirle para este propósito.
El nuevo sistema para enviar publicidad selectiva a través de WhatsApp ya está en marcha, según se lee en un informe que publicó la agencia de noticias Reuters en marzo, tras obtener acceso a un documento interno.
De acuerdo con la investigación, las empresas podrán enviar "anuncios segmentados" a sus clientes potenciales directamente a través de WhatsApp.
La idea consiste en que las empresas paguen a WhatsApp a cambio de poder mandar mensajes a los usuarios de la aplicación.
"Queremos mejorar experiencias respecto a anuncios y productos", dijo Facebook a este respecto cuando adquirió el servicio de mensajería más usado en todo el mundo.
"Al conectar tu número con los sistemas de Facebook podremos mostrarte anuncios que te resulten relevantes", asegura la compañía en su blog.

Saber cuando te conectaste por última vez
Whatsapp también comparte información con Facebook sobre la última vez que utilizaste el servicio.
Puede que esto no parezca relevante a primera vista, pero puede ser vital para saber si eres un blanco interesante al que enviar publicidad a través de la plataforma y elaborar estadísticas sobre cómo usas la aplicación.
De hecho, puede conocer a qué hora te acuestas y te levantas tan sólo comprobando el uso que haces del servicio, si eres de los que utiliza la plataforma continuamente.

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Facebook dice que no comparte el contenido de los mensajes y que estos son cifrados.
"Tus mensajes encriptados siguen siendo privados y nadie más podrá leerlos. Ni Whatsapp, ni Facebook ni nadie más", se lee en el blog de la compañía.


¿Es posible evitarlo?

Cuando Facebook cambió su política de privacidad en agosto 2016, pedía a sus usuarios que aceptaran sus nuevas condiciones de uso.
Al hacerlo, enviaba un mensaje automático. Y dentro de la opción "leer más" (un pequeño enlace integrado en el texto) permitía desactivar una casilla de verificación para evitar "compartir información de la cuenta"..
Sin embargo, los usuarios sólo tenían 30 días para cambiar de opinión. Y si en su día aceptaste los nuevos términos de uso no hay nada que puedas hacer. Al menos, por ahora.

Una Buena explicacion del WannaCry

WannaCry, las lecciones que seguimos sin aprender

No es el primer desastre informático de la historia. Ni será el último. Pero no escarmentamos





Pueden tomar al azar cualquier día del año y siempre darán con alguna brecha de seguridad más o menos importante. Algunos ataques son tan destructivos que llegan a la tapa de los diarios. Recuerdo la mayoría de memoria. El gusano Morris, en 1988; el virus Melissa, en 1999; el Love Letter, en 2000; el Code Red en 2001, y la lista sigue: Nimda, Slammer, Sasser, Mydoom, Conficker.
Salvo el Morris, que ocurrió antes de que Internet se volviera pública, me tocó cubrir todos estos ataques. Mi absoluto pesimismo respecto de la seguridad informática no es paranoia. Se basa en hechos. La obra social estadounidense Anthem perdió 80 millones de registros; al Servicio Nacional de Salud británico (NHS, por sus siglas en inglés) le robaron 26 millones de historias clínicas (en las dos semanas anteriores al WannaCry); Netflix perdió en abril 19 capítulos de Orange is the new black, y a Disney, estos días, un largometraje completo que estaba por estrenar; de Ashley Madison se llevaron los datos de 33 millones de cuentas de usuarios; a Ebay le sacaron los datos de 145 millones de miembros; al JP Morgan le extrajeron información financiera de 76 millones de individuos y 7 millones de pyme; a Home Depot se le escaparon los números de 56 millones de tarjetas de crédito de sus clientes, y a Friend Finder le sacaron 412 millones de correos electrónicos y sus correspondientes contraseñas. En 2014 Yahoo! perdió a manos de los piratas 500 millones de cuentas de sus usuarios (la brecha se conoció en 2916). ¿Me olvido de alguien? El Facebook ruso, llamado VK, fue hackeado. MySpace, también. La Comisión Electoral de Filipinas, lo mismo. Hasta las elecciones presidenciales estadounidenses fueron comprometidas. Aclaro que esta lista es una fracción insignificante de las principales brechas de seguridad. El sitio Have I been pwned? tiene una base de datos de más de 3700 millones de cuentas comprometidas.


El viernes 12 de mayo, que ahora figura en un lugar destacado en estos anales aterradores, chocamos de nuevo contra un iceberg. Esta vez, fue el WannaCry, contracción de WannaCrypt ("Quiero encriptar", en inglés) y un obscenamente sarcástico juego de palabras. WannaCry significa en ese idioma "Quiero llorar", que es exactamente lo uno siente si descubre que un virus le ha bloqueado todos los archivos importantes de la computadora.
El WannaCry explotaba una vulnerabilidad de Windows usando una de las ciberarmas robadas a la National Security Agency de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés). Por donde se lo mire, hay algo delirante en que le hayan robado un arsenal de armas cibernéticas a la agencia nacional de seguridad del país más poderoso de la Tierra. Si no están en condiciones de evitar que esas armas lleguen a manos equivocadas, deberían empezar por no crearlas. Pero es muy probable que creyeran en lo que, más o menos, todo el mundo cree: que sí podían mantenerlas a buen resguardo, que con su presupuesto astronómico eran invulnerables.


No lo eran.
En realidad, no todo el mundo cree en tal invulnerabilidad. Los jefes de seguridad informática intentan, en general sin éxito, que sus organizaciones presten oídos a las reglas más elementales. No abrir adjuntos sin pensarlo dos veces, digamos. Todos mis amigos en departamentos de sistemas, sin excepción, me han contado de gerentes y directores que, confiados en que su poder alcanza a los bits, han abierto adjuntos indiscriminadamente. Hasta que al final causaron un incidente.


Otra regla básica: mantener el software actualizado. Es lo que la gente de sistemas del NHS advirtió en marzo, cuando Microsoft liberó un parche que habría evitado un ataque como el del WannaCry. No les prestaron atención. "Esos paranoicos, siempre exagerando," habrán razonado.
¿Cómo les robaron esas ciberarmas a la NSA? Ahí la cosa es más opaca, pero casi con entera seguridad un empleado las sustrajo desde adentro.
Ahora, imaginemos que un infiltrado, con el apoyo de una nación enemiga, se roba los planos para fabricar un dispositivo termonuclear. O que se roban esos planos hackeando un servidor. Para usarlo tendrán que, como mínimo, refinar uranio. No es fácil. O comprar el material fisionable en el mercado negro y contrabandearlo. Robarse la bomba atómica terminada ya es más difícil. Digo, ¿cómo declarás algo así en la aduana? Por último, se necesita un lanzador, un misil.
Con las armas digitales ocurre algo completamente diferente. En un centímetro cuadrado de un disco duro moderno caben, grosso modo, 12.500 millones de caracteres. Eso equivale al texto de 12.500 Biblias, o una pila de Biblias de 625 metros de altura; diez veces el Obelisco.
Más fácil: en un pendrive es posible transportar todo el código fuente de todas las ciberarmas de destrucción masiva de todas las naciones del mundo. Y sobrará espacio. Los 251.287 cables clasificados que dio a conocer WikiLeaks en 2010 fueron transportados en una memoria flash. Ocupan algo así como 1500 millones de caracteres (1,5 gigabytes). Un pendrive tiene hoy no menos de cinco veces esa capacidad. Y los hay con 170 veces más espacio. Se los consigue en Amazon por 23 dólares (el modelo a prueba de agua).
Esta es la idea que no termina de prender. Intentamos conducirnos en el espacio virtual según las mismas reglas del mundo real. Las cosas van a salir mal de forma casi sistemática, como si tratáramos de hacer una caminata espacial en traje de baño.
El WannaCry no usó (al menos en la etapa aguda de la infección) ninguna estrategia de ingeniería social. Se propagaba por las redes buscando el puerto TCP 445. Si estaba expuesto y ese Windows había sido emparchado, iniciaba el ataque. (Además verificaba si un cierto dominio estaba online -el famoso kill-switch- y si existía una cierta clave en el Registro de Windows. Salvaguardias de los autores.)
No es imposible que el paciente cero haya abierto un mail con un adjunto infectado o un link malicioso, y que desde su computadora se haya propagado el WannaCry. No lo sabemos, y es lo de menos. El hecho es que antes había que enviar bombarderos y tanques para causar el mismo daño que hoy puede provocar un fragmento de código que pesa menos que una bacteria y se cuela en milisegundos por las redes sin hacer ningún ruido.
El título de esta columna debería ser "Qué lecciones nos deja el WannaCry". Pero voy a decirlo clarísimo: nos deja un montón, pero no vamos a aprender ninguna. Si no lo hicimos con el Morris, el Code Red o el Melissa, si ni siquiera escarmentamos con el catastrófico Love Letter, esta vez tampoco va a ser la excepción. Puedo apostarlo. En un mes, un año o un lustro vamos a volver a tener una epidemia como la del viernes negro. Mucho peor, probablemente, a medida que nos volvemos cada vez más dependientes de los dispositivos digitales e Internet.
¿Cuáles son las lecciones que seguimos sin aprender? Muchas, en rigor. Aparte de las que menciono a continuación, se pueden encontrar varios artículos estos días sobre el particular. Este, por ejemplo, de Ericka Chickowski, y este otro, excelente, de un veterano administrador de sistemas, Dave Cartwright.

Es virtual

La primera lección, la más difícil de incorporar, es la que mencioné antes. Esto es virtual, muchachos. Dejen de pensar como si las fronteras, las aduanas, los muros, los guardias armados o la logística tuvieran algo que ver con el código. No pesa, no se ve, no hace ruido, no aparece en el radar.

Las fallas no son la excepción

Las vulnerabilidades son la regla, no la excepción. Tomo una semana cualquier del año, la del 17 de abril, y cuento las vulnerabilidades críticas informadas en ese período por el Centro de Respuesta a Emergencias Informáticas de Estados Unidos (el US-CERT). Son 24. Hagamos la mitad y extrapolemos. Son más de 600 fallas como la que le abrió las puertas al ataque del 12 de mayo. En la lista aparecen productos de todo pelaje, desde Ubuntu y el servidor Web Apache, hasta Android, software de Cisco, Apple, Microsoft y Adobe; nombren un programa y en algún momento se le encontrarán fallas críticas.

Es virtual, pero también es real

Un fragmento de código puede causar daño en el mundo real. Esto tampoco es nuevo. El Love Letter, en 2000, sobrescribió con datos al azar imágenes y documentos de Office. El daño se estimó en 15.000 millones de dólares. ¿Habrá causado alguna muerte el WannaCry? No se sabe de ninguna, pero esta vez atacaron centros de salud.

¡Actualizar, actualizar, actualizar!

Los jefes de seguridad informática repiten esto sin que nadie les preste atención. Si Telefónica, el NHS y las demás organizaciones afectadas hubieran actualizado a tiempo, el WannaCry habría tenido un impacto mínimo.
OK, sí, es cierto, emparchar las computadoras de una compañía con muchos empleados (Telefónica tiene unos 120.000) es complicado y las cosas pueden salir mal. Pero cuando se trata de vulnerabilidades críticas hay que poner manos a la obra. Especialmente si, de pronto, les roban a la NSA ciberarmas que explotan precisamente algunas de esas vulnerabilidades.
Por otro lado, si es complicado, pero hay que hacerlo porque un ataque podría dejarte fuera de combate, ¿cuál sería la solución? ¿Destinar más recursos para los sufridos muchachos de seguridad o postergarlo porque "es complicado"? Todo es complicado cuando tenés varias decenas de miles de miembros. Lo que no cuaja es el concepto de que sí, es complicado, pero primero que nada es urgente.

Backup

Hasta da un poquito de vergüenza insistir con esto. Es viejo como las tarjetas perforadas. Si no había tiempo o voluntad para emparchar, el WannaCry habría encontrado un rival formidable en un buen sistema de backup (inaccesible para el gusano). En el nivel individual eso puede hacerse con un simple y accesible disco externo. La medida no sólo es útil contra los ransomware, sino contra cualquier falla catastrófica del disco, la pérdida o robo del equipo, y así.

Software original

La mayoría de los ataques opera, en algún punto, sobre vulnerabilidades. Desde el gusano Morris, que aprovechaba fallas de varios programas de Unix -sendmail, finger y otros-, hasta el WannaCry, el patrón es ineludible, siempre van a caer más las computadoras con sistemas desactualizados.
Windows XP al principio del ataque del WannaCry parecía estar a salvo, porque Microsoft no lo listaba entre los sistemas vulnerables. La verdad es que no lo listaba porque el ciclo de vida de este sistema se terminó en abril de 2014 y, por lo tanto, ya no recibe actualizaciones. Al final, Microsoft tuvo que publicar una solución para XP. Lo hizo el lunes 15 de mayo. Les guste o no allá en Redmond, todavía hay unos 140 millones de computadoras con XP. Entre otros, el NHS.
El ejemplo de XP es interesante por otro motivo. A los fines prácticos, un sistema operativo que ya no recibe soporte del fabricante es equivalente a un sistema operativo (o cualquier otro software) sin licencia original. Esta es la razón por la que algunos técnicos que instalan Windows pirateados aconsejan "no instalar actualizaciones porque pueden dañar el sistema". En realidad, las actualizaciones sólo van a dañar los bolsillos del técnico, porque el sitio de Microsoft alertará al usuario de que su Windows no es original. Si el presupuesto realmente no alcanza para Windows, un Linux puede reemplazar sin problemas al sistema de Microsoft en la mayoría de las aplicaciones.

El factor humano

En 2011 hackearon la compañía de seguridad RSA, proveedora de seguridad informática de la banca y la industria bélica estadounidense; era, posiblemente, la organización mejor blindada del planeta. Lograron entrar y robar información extraordinariamente sensible porque un empleado de bajo rango abrió una planilla de cálculo de Excel infectada. Este frente, el humano, es el eslabón más débil de la cadena. Es allí donde las compañías y organismos de gobierno deben invertir dinero y esfuerzos para reducir las superficies de ataque. Porque ésta no admite parches.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Es el DeLorean DMC-12 de Volver al Futuro

Qué es el mecanismo de Anticitera y por qué es el objeto más misterioso de la historia de la tecnología


El mecanismo de Anticitera
Image captionFrágil, intrigante y repleto de sorpresas: item 15.087 del Museo Arqueológico Nacional en Atenas.

De no haber sido por una tormenta en la rocosa isla griega de Anticitera hace poco más de un siglo, uno de los objetos más desconcertantes y complejos del mundo antiguo quizás no habría sido descubierto jamás.
Tras refugiarse en la isla, un equipo de buscadores de esponjas marinas decidieron ver si tenían suerte bajo esas aguas.
Se toparon en cambio con los restos de una galera romana que había naufragado en medio de otra tormenta hacía 2.000 años, cuando el Imperio romano empezó a conquistar las colonias griegas en el Mediterráneo.
En la arena del fondo del mar estaba el cúmulo más grande de tesoros griegos que se haya encontrado jamás.

Cara de una estatua griega en la arena
Image captionUn tesoro en el fondo del Mediterráneo.
Estatua griega
Image captionObras incomparables que habían sobrevivido el saqueo de los romanos y siglos en el agua del mar.

Entre las hermosas estatuas de cobre y mármol estaba el objeto más intrigante de la historia de la tecnología.
Es de bronce corroído, no más grande que una laptop moderna, hecha hace 2.000 años en la antigua Grecia.
Se le conoce como el mecanismo de Anticitera. Y resultó ser una máquina del futuro.
"Si no lo hubieran descubierto en 1900, nadie se habría imaginado, ni siquiera creído, que algo así existía... ¡es tan sofisticado!", le dice a la BBC el matemático Tony Freeth.

Increíble


Detalle del mecanismo
Image captionAl principio, el artefacto no le decía nada a los científicos, pero luego notaron que tenía marcas e inscripciones.

"¡Imagínate: alguien, en algún lugar de la antigua Grecia, hizo una computadora mecánica!", exclama el físico griego Yanis Bitzakis quien, como Freeth, es parte del equipo internacional de investigación del asombroso artefacto.
"Es un mecanismo de una genialidad realmente sorprendente", añade Freeth.
No están exagerando.
Tuvieron que pasar unos 1.500 años antes de que algo que se aproximara al mecanismo de Anticitera volviera a aparecer, en la forma de los primeros relojes mecánicos astronómicos, en Europa.
Sin embargo, éstas son las conclusiones; entender qué era el misterioso objeto tomó tiempo, conocimientos y esfuerzo.

Imposiblemente adelantado a su tiempo

Uno de los problemas era su anacronismo.
El primero en examinar en detalle los 82 fragmentos recuperados fue el físico inglés y padre de la cienciometría Derek J. de Solla Price.
Empezó en los años 50 y en 1971, junto con el físico nuclear griego Charalampos Karakalos, tomó imágenes con rayos X y rayos gamma de las piezas.
Descubrieron que había 27 ruedas de engranaje adentro, y que era tremendamente complejo.

diseño 27 ruedas de engranaje
Image captionLa primera sorpresa: adentro encontraron 27 ruedas de engranaje.

Los expertos habían logrado fechar con considerable precisión algunas de las otras piezas encontradas entre el año 70 a.C. y 50 a.C.
Pero un objeto tan extraordinario no podía datar de esa época. Quizás era mucho más moderno y sólo por casualidad había caído en el mismo sitio, pensaban varios.

127 y 235 dientes

Price adivinó que contar los dientes en cada rueda podía dar alguna pista sobre la función de la máquina.
Con imágenes bidimensionales, las ruedas se superponían, lo que dificultaba la tarea, pero logró establecer dos números: 127 y 235.
"Esos dos números eran muy importantes en la Grecia antigua", señala el astrónomo Mike Edmunds.
¿Sería posible que los estuvieran usando para seguir el movimiento de la Luna?

Antiguo griego examinando el cielo
Image captionLos números que empezaron a surgir coincidían con los conocimientos de los griegos de la época. Lo incomprensible es que provinieran de ese objeto misterioso.

La idea era revolucionaria y tan avanzada que Price dudó de la autenticidad del objeto.
"Si los científicos griegos antiguos podían producir estos sistemas de engranaje hace dos milenios, toda la historia de la tecnología de Occidente tendría que reescribirse", resalta Freeth.

¿Lograron mecanizar sus conocimientos?

La Grecia de hace dos milenios es una de las culturas más creativas que hayan existido jamás, así que no estaba en tela de juicio cuán magnífico fue su desarrollo en todos los campos, incluso en astronomía, considerada entonces como una rama de las matemáticas.

Órbita de astros
Image captionLos antiguos griegos sabían mucho de los cuerpos celestiales, por complicadas que fueran sus órbitas.

Sabían cómo se movían los cuerpos celestiales en el espacio, podían calcular sus distancias y conocían la geometría de sus órbitas.
¿Habrían sido capaces de meter astronomía y matemáticas complejas en un artilugio y programarlo para que siguiera el movimiento de la Luna?
El número 235 que había encontrado Price era la clave del mecanismo para computar los ciclos de la Luna.
"Los griegos sabían que de una nueva Luna a la siguiente pasaban en promedio 29,5 días. Pero eso era problemático para su calendario de 12 meses en el año, porque 12 x 29,5 = 354 días, 11 días menos de lo necesario"", le explica a la BBC Alexander Jones, historiador de astronomía antigua.
"El año natural, con las estaciones, y el año calendario perderían la sincronía".

Cuentas días en año solar con meses lunares
Image captionLas cuentas no daban si sólo se tenía en cuenta un año solar, pero en un ciclo de 19 años...

No obstante, también sabían que 19 años solares son casi exactamente 235 meses lunares, un ciclo cuyo nombre es metónico.
"Eso significa que si tienes un ciclo de 19 años, a largo plazo tu calendario va a estar en perfecta sintonía con la estaciones".
Como confirmándolo, en uno de los fragmentos del mecanismo de Anticitera encontraron el ciclo metónico.

Revoluciones

Gracias a los dientes de las ruedas de engranaje, el mecanismo empezó a revelar sus secretos.
Las fases de la Luna eran inmensamente útiles en esa época.
De acuerdo a ellas se determinaba cuándo sembrar, cuál era la estrategia en la batalla, qué día eran las fiestas religiosas, en qué momento pagar las deudas o si podían hacer viajes nocturnos.
El otro número, 127, le sirvió a Price para entender otra función relacionada con nuestro satélite natural: el aparato también mostraba las revoluciones de la Luna alrededor de la Tierra.
Tras 20 años de intensa investigación, Price concluyó que ya había resuelto el acertijo.
Sin embargo, quedaban piezas del rompecabezas por encajar.

Engranaje de cerca
Image captionCada diente de cada rueda suponía otra incógnita. Pero al menos habían dado con la clave.

El futuro 223

El siguiente paso requirió de tecnología hecha a la medida. Y un equipo internacional de expertos dedicado a investigar el mecanismo de Anticitera.
El equipo logró convencer a Roger Hadland, ingeniero de rayos X, de que diseñara y llevara al Museo Arqueológico Nacional en Atenas una máquina especial para hacer imágenes tridimensionales del mecanismo.
Y, valiéndose de otro aparato que realzó los escritos que cubren buena parte de los fragmentos, los investigadores encontraron una referencia a los engranajes y a otro número clave: 223.
Tres siglos antes de la edad de oro de de Atenas, los antiguos astrónomos babilonios descubrieron que 223 lunas tras un eclipse (18 años y 11 días, conocido como un ciclo de saros), la Luna y la Tierra vuelven a la misma posición de manera que probablemente se producirá otro parecido.

Tallado babilonio
Image captionGracias a millones de tabletas con datos históricos que habían archivado a lo largo del tiempo, los babilonios encontraron el patrón de los eclipses.

"Cuando había un eclipse lunar, el rey babilonio dimitía y un substituto asumía el mando, de manera que los malos augurios fueran para él. Luego lo mataban y el rey volvía a asumir su posición", cuenta John Steele, experto en Babilonia del Museo Británico.
Y resulta que 223 era el número de otra de las ruedas del artilugio.
El mecanismo de Anticitera podía ver el futuro... podía predecir eclipses.
No sólo el día, sino la hora, la dirección en la que la sombra cruzaría y el color del que se iba a ver la Luna.

eclipses
Image captionLa información que los investigadores encontraron en el mecanismo de Anticitera sobre los eclipses es sorprendentemente detallada.

Todo dependía de la Luna
Como si eso no fuera suficientemente asombroso, descubrieron otra maravilla.
El ciclo de saros dependía del patrón del movimiento de la Luna y "nada sobre la Luna es sencillo", declara Freeth.
"No sólo su órbita es elíptica -de manera que viaja más rápido cuando está más cerca de la Tierra-, sino que esa elipse también rota lentamente, en un período de 9 años".
¿Podía el mecanismo de Anticitera rastrear ese sendero fluctuante de la Luna?

ruedas de engranaje
Image captionUn mecanismo más complejo para lidiar con los caprichos de la Luna.

Efectivamente, podía: dos ruedas de engranaje más pequeñas, una de ellas con una pinza para regular la velocidad de rotación, replicaban con precisión el tiempo que se demora la Luna en orbitar, mientras que otra, con 26 dientes y medio compensaba por el desplazamiento de la órbita.
Y, por si fuera poco, al examinar lo que queda de la parte frontal del aparato, el equipo de expertos concluyó que solía tener un planetario como lo entendían en ese momento: con la Tierra en el centro y cinco planetas girando a su alrededor.

mecanismo de Anticitera cara planetario
Image captionEl movimiento de los cinco planetas que se podían observar a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.

"Era una idea extraordinaria: tomar teorías científicas de la época y mecanizarlas para ver que pasaría días, meses y muchas décadas después", subraya el matemático.

Un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma

"Esencialmente fue la primera vez que la raza humana creó una computadora", añade Freeth.
"Es verdaderamente increíble que un científico de esa época descubrió cómo usar ruedas de engranaje de bronce para rastrear los complejos movimientos de la Luna y los planetas".
Pero... ¿quién fue?
Nuevamente, exploraron lo que nos quedó del fabuloso artilugio para buscar la respuesta.
Una pista estaba en otra de sus funciones.
El mecanismo de Anticitera predecía además la fecha exacta de los Juegos Panhelénicos: los Juegos de Olimpia, los Juegos Píticos, los Juegos Ístmicos, los Juegos Nemeos.
Lo curioso es que, aunque los Juegos de Olimpia eran los más prestigiosos, los Ístmicos, en Corinto, aparecen en letras mucho más grandes.

Ilustración en cerámica de los Juegos Ítsmicos
Image captionLlamaba la atención que los juegos que se celebraban en el istmo de Corinto cada dos años en honor a Poseidón aparecieran destacados.

Además, los expertos ya habían notado que los nombres de los meses que aparecían en otra rueda eran corintios.
La evidencia apuntaba a que el diseñador era un corintio y que vivía en la colonia más rica gobernada por esa ciudad: Siracusa.
Siracusa era el hogar del más brillante de los matemáticos e ingenieros griegos: Arquímedes.
Nada más y nada menos que quizás el científico más importante de la Antigüedad clásica, el hombre que había determinado la distancia a la Luna, encontrado cómo calcular el volumen de una esfera y de ese número fundamental π; que había asegurado que con una palanca movería el mundo y tanto más.
"Sólo un matemático tan brillante como Arquímedes podría haber diseñado el mecanismo de Anticitera", opina Freeth.

Arquimedes con palanca y mundoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption"Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo".

Lo cierto es que Arquímedes estaba en Siracusa cuando los romanos llegaron a conquistarla y que el general Marco Claudio Marcelo ordenó que no lo mataran, pero un soldado lo hizo.
Siracusa fue saqueada y sus tesoros enviados a Roma. El general Marcelo sólo se llevó dos piezas consigo, ambas -dijo- eran de Arquímedes.
El equipo de investigación piensa que eran versiones anteriores del mecanismo.
Un indicio se encuentra en una descripción que escribió el formidable orador Cicero de una de las máquinas de Arquímedes que vio en la casa del nieto del general Marcelo.
"Arquímedes encontró la manera de representar con precisión en un sólo aparato los variados y divergentes movimientos de los cinco planetas con sus distintas velocidades, de manera que el mismo eclipse ocurre en el globo que en la realidad".

Planeario
Image captionAlgo así describió Cícero.

¿Qué pasó con la brillante tecnología griega que produjo la primera computadora?

¿Por qué no se desarrolló? ¿Por qué se perdió?
Como tantas otras cosas, con la caída de los griegos y luego los romanos, los conocimientos "emigraron" hacia el oriente, donde los bizantinos los guardaron por un tiempo y luego pasaron a los eruditos árabes.
El segundo artilugio con engranajes de bronce más antiguo que se conoce es del siglo V e inscripciones en árabe.
Y en el siglo XIII los moros llevaron esos conocimientos de vuelta a Europa.

Piezas del mecanismo de Anticitera
Image captionTodos las piezas para introducir todos los conocimientos en una caja.

Investigaciones previas establecieron que el mecanismo estaba metido en una caja de madera, que no sobrevivió el paso del tiempo.
Una caja que contenía todo el conocimiento del mundo, el tiempo, el espacio y el Universo.
"Es un poco intimidante darse cuenta de que justo antes de la caída de su gran civilización, los antiguos griegos habían llegado tan cerca a nuestra era, no sólo en su pensamiento sino también en su tecnología científica", dijo Derek J. de Solla Price.

mecanismo de Anticitera
Image caption¡Cuán lejos llegó la Antigua Grecia!

Más detalles en https://www.youtube.com/watch?v=Q124C7W0WYA

Diario BBC