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martes, 29 de junio de 2010
jueves, 27 de agosto de 2009
TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO

TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO
entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a:
MOUSSA AG ASSARID,
No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...!
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo
- ¡Qué turbante tan hermoso...!
- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
- Es de un azul bellísimo...
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué?
- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los tuareg?
- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.
- ¿A qué se dedican?
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...
- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...
- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
- ¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?
- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...
- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
- Y lo logró.
- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad. ..!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.
- Sí.... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...
- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...
- Qué paz...
- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
martes, 26 de mayo de 2009
Feliz visita de María Auxiliadora
viernes, 8 de febrero de 2008
Una carta con visión
Una carta con visión
Esta es una carta que me marcó en la vida, llegó como anónima y al final la podría firmar como mía.
Querido amigo(a):
Cuando tenía dieciséis años, era un chavo normal, me gustaban las niñas y los bailes, estudiaba preparatoria y estaba a punto de graduarme.
Antes no me importaba nada que no fuera diversión hasta que me pasó lo siguiente: Estaba en casa de un amigo cuando le preguntaron al hermano más chico, quien tenía unos 5 ó 6 años, qué quería ser de grande. Él contesto con seguridad: 'bombero, porque me gustaría salvar vidas y apagar incendios'.
Fue entonces cuando me pregunté por primera vez: '¿Qué quiero de mí cuando sea grande?, ¿Qué voy a hacer con mi vida?, ¿Qué dejaré cuando muera?, ¿Cómo quiero que sea mi esposa?, ¿Qué daré a mis hijos?'
Muchísimas preguntas más me vinieron a la mente. Pero lo dejé pasar sin ponerle mucha atención, como cualquier cosa que me causaba inquietud o miedo.
Días después me tope con un amigo, bueno, un compañero al que le iba muy bien en todo: tenía amigos y era respetado por todos. Entre un tema y otro le pregunté cómo le hacía para obtener buenas calificaciones. Me contestó que se esforzaba un poco en poner atención en clases y después repasaba un poco antes del examen para aclarar sus dudas y puntos débiles.
Inquieto, le pregunté la razón por la que se preocupaba por obtener buenas notas. Me contestó que quería que su vida no fuera en vano; él deseaba llegar a ser un buen empresario, tener algo qué darle a sus hijos cuando los tuviera; y, lo más importante de todo, anhelaba ir construyendo su lugar en el cielo.
Le dije en tono burlón que era un santurrón, un nerd, y
otras cosas que parecieron no molestarle, por lo que me fui un poco confuso.
Unos días después de los exámenes semestrales, encerrado en mi cuarto, castigado, sin poder salir, pensé en el sermón que me echó aquel compañero nerd.
Concluí que era yo quien estaba mal, que justificaba mi flojera porque no tenía un ideal en la vida, que me valía todo lo que fuera formación, que no sabía bien lo que quería, que ni siquiera me había preguntado quién podría llegar a ser, con todo lo que había recibido.
Fue entonces cuando me propuse dar algo de mí, para mí, para mi futura familia, para los demás y para construir mi vida en el futuro y mi casa en el cielo desde ese momento.
Recordé una frase que un maestro acostumbraba decir cada día, y que a partir de entonces marcó el rumbo de mi vida: 'Haz lo ordinario, extraordinario'.
Ahora tengo 33 años, estoy casado con la mejor mujer que pude encontrar y me ha dado unos hijos a los que amo más que a mi mismo. Me sé amado, he caído, me he levantado, he recibido más de lo que he dado y gracias a esa reflexión, mi vida, que parece ordinaria, es en realidad extraordinaria.
Un amigo que te quiere ayudar.
Con esta sencilla carta podemos decir que el tener un ideal en la vida es como tener toda la energía necesaria para lograr ser quienes queremos ser.
Al leérsela a una amiga, me preguntó a qué se refería la frase: 'Haz lo ordinario, extraordinario'. Le contesté que si ella hacía todo lo que le corresponde hacer: estudiar, pasear, entrenar, todo lo cotidiano, poniendo en ello su mayor esfuerzo, ésto se convertiría poco a poco en una forma de vivir que haría de ella una persona extraordinaria.
¿Qué opinas? ¿No está hecho el mar por pequeñas gotas de agua y la playa por pequeños granos de arena?
Esta es una carta que me marcó en la vida, llegó como anónima y al final la podría firmar como mía.
Querido amigo(a):
Cuando tenía dieciséis años, era un chavo normal, me gustaban las niñas y los bailes, estudiaba preparatoria y estaba a punto de graduarme.
Antes no me importaba nada que no fuera diversión hasta que me pasó lo siguiente: Estaba en casa de un amigo cuando le preguntaron al hermano más chico, quien tenía unos 5 ó 6 años, qué quería ser de grande. Él contesto con seguridad: 'bombero, porque me gustaría salvar vidas y apagar incendios'.
Fue entonces cuando me pregunté por primera vez: '¿Qué quiero de mí cuando sea grande?, ¿Qué voy a hacer con mi vida?, ¿Qué dejaré cuando muera?, ¿Cómo quiero que sea mi esposa?, ¿Qué daré a mis hijos?'
Muchísimas preguntas más me vinieron a la mente. Pero lo dejé pasar sin ponerle mucha atención, como cualquier cosa que me causaba inquietud o miedo.
Días después me tope con un amigo, bueno, un compañero al que le iba muy bien en todo: tenía amigos y era respetado por todos. Entre un tema y otro le pregunté cómo le hacía para obtener buenas calificaciones. Me contestó que se esforzaba un poco en poner atención en clases y después repasaba un poco antes del examen para aclarar sus dudas y puntos débiles.
Inquieto, le pregunté la razón por la que se preocupaba por obtener buenas notas. Me contestó que quería que su vida no fuera en vano; él deseaba llegar a ser un buen empresario, tener algo qué darle a sus hijos cuando los tuviera; y, lo más importante de todo, anhelaba ir construyendo su lugar en el cielo.
Le dije en tono burlón que era un santurrón, un nerd, y
otras cosas que parecieron no molestarle, por lo que me fui un poco confuso.
Unos días después de los exámenes semestrales, encerrado en mi cuarto, castigado, sin poder salir, pensé en el sermón que me echó aquel compañero nerd.
Concluí que era yo quien estaba mal, que justificaba mi flojera porque no tenía un ideal en la vida, que me valía todo lo que fuera formación, que no sabía bien lo que quería, que ni siquiera me había preguntado quién podría llegar a ser, con todo lo que había recibido.
Fue entonces cuando me propuse dar algo de mí, para mí, para mi futura familia, para los demás y para construir mi vida en el futuro y mi casa en el cielo desde ese momento.
Recordé una frase que un maestro acostumbraba decir cada día, y que a partir de entonces marcó el rumbo de mi vida: 'Haz lo ordinario, extraordinario'.
Ahora tengo 33 años, estoy casado con la mejor mujer que pude encontrar y me ha dado unos hijos a los que amo más que a mi mismo. Me sé amado, he caído, me he levantado, he recibido más de lo que he dado y gracias a esa reflexión, mi vida, que parece ordinaria, es en realidad extraordinaria.
Un amigo que te quiere ayudar.
Con esta sencilla carta podemos decir que el tener un ideal en la vida es como tener toda la energía necesaria para lograr ser quienes queremos ser.
Al leérsela a una amiga, me preguntó a qué se refería la frase: 'Haz lo ordinario, extraordinario'. Le contesté que si ella hacía todo lo que le corresponde hacer: estudiar, pasear, entrenar, todo lo cotidiano, poniendo en ello su mayor esfuerzo, ésto se convertiría poco a poco en una forma de vivir que haría de ella una persona extraordinaria.
¿Qué opinas? ¿No está hecho el mar por pequeñas gotas de agua y la playa por pequeños granos de arena?
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